Barbazul: Una revisión entre la estructura y la lectura simbólica
El cuento “Barbazul”, es uno de los clásicos más reconocidos de la literatura del género de cuento maravilloso. A continuación haré una relación entre el cuento clásico escrito por Charles Perrault y lo compararé con la versión propuesta por Clarissa Pinkola Estés en su libro Mujeres que corren con los lobos (2001). Esto, a la sombra también, de las funciones de los personajes propuesta por Propp (1971). En este sentido, la idea es develar las funciones que cumplen cada uno de los personajes, en clave de cómo lo definiría Propp, es decir, desde una estructura más clásica y estructuralista, y compararlo también con la propuesta de Pinkola Estés, que es una revisión más moderna desde una perspectiva psicológica y simbólica. Es muy interesante además, resaltar los aspectos simbólicos que Clarissa Pinkola Estés nos pone sobre la mesa, en cuanto a la relación que tienen estos cuentos y los arquetipos de personajes con la realidad de la psique femenina.
La comparación en este caso permite observar que una misma estructura narrativa puede adquirir significados diferentes y análisis simbólicos distantes, lo cual tiene que ver necesariamente con el perfil desde el que se analice el relato. Desde la perspectiva de Propp, que como mencioné, es más estructuralista y parte del análisis formalista ruso; el análisis debe ir en pro de establecer las relaciones de las acciones de los personajes en función de la secuencia que definirá determinadas funciones dentro del relato y el sentido de la historia. Por otro lado, a la luz del análisis de Pinkola Estés, estas funciones se desplazan hacia una interpretación psicológica y simbólica de ese mismo relato y los arquetipos de los personajes.
De igual manera, tanto en Propp como en la visión de Pinkola Estés son reconocibles una serie de funciones, como por ejemplo: la fechoría, la acción contraria, la boda, el combate, la victoria y la reparación, pero existe también un cambio muy interesante en cómo están narrados los hechos y en cómo cambia el sentido del relato. Estés desplaza así la estructura narrativa hacia una interpretación psicológica y simbólica. En el cuento reescrito por Pinkola Estés, la prohibición está relacionada directamente con la prohibición del conocimiento, o como lo menciona la autora, con la restricción de la naturaleza y de las facultades instintivas albergadas en el estado natural del ser humano (Estés, 2001, p.36). En este sentido, Barba Azul corresponde al depredador natural de la psique.
Por ejemplo, en el cuento reescrito por Pinkola Estés, la historia comienza con “Hay un trozo de barba que se conserva en el convento…” (Estés, 2001, p. 36), lo cual ya nos presenta una forma de narrar diferente a la de Perrault que comienza con lo siguiente: “En otro tiempo vivía un hombre que tenía hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y plata, muebles muy adornados y carrozas doradas” (Perrault, 1967). Desde este primer momento se puede observar que Perrault presenta a Barba Azul principalmente desde sus características externas: su riqueza, sus posesiones y, posteriormente, su aspecto extraño y amenazante. En cambio, en la versión de Pinkola Estés, el interés se desplaza rápidamente hacia aquello que Barba Azul representa desde un ámbito más simbólico e histórico como el mago frustrado que carga un misterio que provoca una sospecha. Ya no se trata solamente de un hombre extraño que posee una barba azul particular, sino de una figura que representa una amenaza.
Es aquí donde aparece una de las diferencias más importantes entre ambas versiones. En
Perrault, Barba Azul funciona principalmente como el agresor dentro de la estructura del cuento. Su función se hace evidente cuando prohíbe a su esposa abrir una habitación y, posteriormente, intenta matarla cuando descubre que ella le ha desobedecido. Desde la perspectiva de Propp, podemos reconocer primero la prohibición, que en ambos relatos es la misma, y después la transgresión a la prohibición: Barba Azul establece una restricción y la mujer decide abrir la habitación. Esta acción desencadena el descubrimiento de los cadáveres de las anteriores esposas y, posteriormente, la amenaza de muerte. La secuencia permite reconocer cómo una acción lleva a la siguiente y cómo se desarrolla el conflicto hasta llegar al combate, la victoria y finalmente la resolución.
Sin embargo, en Pinkola Estés esta misma secuencia adquiere un sentido diferente. La prohibición de entrar a la habitación deja de ser solamente una regla impuesta por un esposo y se convierte en una prohibición del conocimiento. La llave, por lo tanto, adquiere una importancia mucho mayor, pues representa la posibilidad de acceder a aquello que permanece oculto, lo que PInkola Estés reconocerá como el “permiso para conocer los más profundos y oscuros secretos de la psique” (Estés, 2001, p.45), porque para refrenar al depredador son necesarias las facultades instintivas de la mujer como la resistencia. En este sentido, la mujer no solamente abre la puerta, sino que entra en contacto con una verdad que desconocía. Es precisamente por esto que la transgresión puede entenderse también como un acto de acceso al conocimiento. Lo que en Perrault puede observarse principalmente como desobediencia, en Estés se convierte en una forma de despertar.
Este punto resulta particularmente interesante si lo observamos desde Propp, puesto que la función narrativa no necesariamente cambia: sigue existiendo una prohibición y posteriormente una transgresión a esta misma. Lo que cambia es el significado que se le otorga a la acción. Propp permite identificar la estructura del relato a partir de la formalización de las funciones, mientras que Estés permite preguntarnos qué significa esa estructura en un nivel más profundo desde el psicoanálisis. Así, la prohibición corresponde a la función de la prohibición, la apertura de la habitación a la transgresión y el descubrimiento de los cadáveres a la revelación de las fechorías cometidas por Barba Azul.
De igual manera, la habitación secreta adquiere una dimensión simbólica importante. En la versión de Perrault, es el lugar donde se encuentran los cuerpos de las anteriores esposas y funciona como la evidencia del carácter asesino de Barba Azul. En Estés, este espacio representa aquello que se encuentra oculto y que la mujer debe atreverse a conocer, para posibilitar así el necesario despertar.
Siguiendo esta lógica, la sangre cumple una función semejante. En el relato de Perrault, la sangre que queda en la llave constituye una evidencia material de que la mujer ha abierto la habitación, que se queda sólo en el manchón. Aunque intenta limpiarla, la marca permanece. En la interpretación de Pinkola Estés, esta sangre representa también la evidencia de una verdad que ya no puede ser ignorada y la pérdida de energía vital producida por el depredador, además de que ahonda más en la simbología de la sangre, llevando más allá sus implicaciones como el hecho de que la sangre sigue escurriendo y mancha el vestido (Estés, 2001). La sangre permite entonces conectar nuevamente la estructura de Propp con la interpretación de Estés: narrativamente es una huella del descubrimiento, mientras que simbólicamente representa aquello que ha sido destruido o afectado por la presencia del depredador.
En este sentido, también cambia la manera en que entendemos a la protagonista. Desde la estructura de Propp, la hermana puede ser comprendida principalmente como la heroína que atraviesa una situación de peligro, recibe ayuda y finalmente es liberada. Sin embargo, Pinkola Estés la presenta como una mujer ingenua que se encuentra en un proceso de iniciación. La protagonista posee ciertas capacidades, pero todavía no ha desarrollado plenamente la capacidad de reconocer al depredador (Estés, 2001, p. 42-43).
En Perrault, Barba Azul es presentado como un hombre rico, extraño y finalmente, un asesino. Su función dentro del relato es la del agresor que produce la fechoría y desencadena el conflicto. En Estés, esta función permanece, pero se profundiza mediante la idea del “depredador natural de la psique”. Barba Azul ya no representa únicamente a un hombre que amenaza físicamente a una mujer, sino a una fuerza que puede destruir la creatividad, los deseos, los proyectos, la intuición y otras dimensiones de la psique.
La diferencia puede observarse también en el desenlace. Desde Propp, después del combate se produce la victoria y posteriormente la reparación. En Perrault, los hermanos matan a Barba Azul y la mujer queda libre, recibe sus bienes y finalmente vuelve a casarse. Aunque en Estés, La reparación adquiere un sentido distinto, en cuanto a que no se trata solamente de recuperar bienes o alcanzar una nueva situación social, sino de recuperar la capacidad de percibir, conocer, hablar y actuar.
En este caso, Propp permite observar cómo se organiza el cuento, mientras que Pinkola Estés resignifica el cuento y propone una lectura de lo que puede significar para la psique femenina estas estructuras. Así, “Barbazul” deja de ser únicamente la historia de una mujer que desobedece una prohibición y logra escapar de un asesino, para convertirse también, desde la lectura de Estés, en un relato de iniciación en el que conocer lo oculto, reconocer al depredador y recuperar las propias facultades se convierte en una forma de supervivencia y de recuperación de la vida interior.
- Juan Esteban Loaiza, septiembre 2026
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