Temporal - Tomás González, una reseña.
El día que llegué a este libro me encontraba explorando entre los apretujados estantes de literatura colombiana de la biblioteca cercana a donde vivo. En aquel momento iba con el único y, en principio, inequívoco interés de llevarme a casa La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada de Gabriel García Márquez, pero, por azares del destino y gracias al orden alfabético en que están dispuestos los libros por apellido de autor, me topé con el señor Tomás González. Ahora que lo pienso, he de reconocer que, si no fuese por la grandiosa invención del alfabeto y su utilidad para organizar ciertos espacios como una biblioteca, no hubiese llegado a esta novela que particularmente trastocó ciertos aspectos de mi pasado familiar. En aquel estante algo triste, en el que únicamente estos dos queridísimos autores componían la letra G, y ya cumplida mi principal tarea, justo después de los libros de Gabriel García, me encontré con tres novelas que ya había escuchado nombrar o tenía referenciadas: La historia de Horacio, El fin del Océano Pacífico y la que nos ocupa hoy: Temporal.
Aunque ya había oído hablar de Tomás González, nunca me había animado ni a comprar uno de sus libros ni a prestarlo, quizá porque no me habían seducido lo suficiente hasta ese momento. Yo, un poco afanado, tuve a su vez la intención de explorar alguna de mis tibiezas literarias: aquello que había tenido durante mucho tiempo referenciado, pero que nunca me animé a leer. De este modo, con mis dudas encima, tomé el envejecido ejemplar y me interné en esta novela de perspectivas extremas y parentescos conflictivos.
Temporal fue publicada por primera vez en 2013 por Alfaguara, aunque la edición que logré leer fue nuevamente revisada por el autor y publicada en 2018 por Seix Barral. A simple vista, esta novela trata básicamente de lo que anuncia su título, que podría definirse de manera literal como un tiempo de persistente lluvia, lo cual es característico en la construcción atmosférica del relato. Sin embargo, Tomás González logra llevar este concepto más allá al encadenar un grupo de sucesos que parecen en principio únicos, pero que después entendemos que forman parte de la cotidianidad de esta playa. Así, el temporal se transforma en la representación de un fuerte conflicto que se gesta de la misma manera que una tormenta y que azota de manera definitiva la vida de una familia decadente, en constante crisis, dueña de un hotel en una playa de Tolú. Como lo menciona el autor: “Es una novela que trata de un temporal dentro de un temporal”.
La novela inicia con Mario y Javier, dos mellizos nacidos en Montería, que salen de madrugada a pescar con su repudiado padre. Aunque la madre de los dos hermanos —que padece esquizofrenia y representa en esta obra una visión profética y poética del mundo— había tenido la premonición de que se acercaba una gran tormenta, el patriarca decide, ignorando las alarmas de su ya “desechada” esposa, internarse en el mar con sus hijos, a quienes trata no solo de ignorantes, sino también de inútiles. La historia nos va contando hora a hora, durante veinticuatro horas, el torbellino que significa la relación de los dos mellizos con aquel tirano, relación movida y dinamitada principalmente por el odio y el rencor que siente Mario hacia él.
Más allá de la claridad de su narrativa —con un lenguaje preciso, directo e incluso minimalista—, la novela está construida de una manera muy interesante: mientras avanzan las horas, Tomás González introduce otras voces, como testigos entrevistados después del temporal. Estos no son sino huéspedes recurrentes y empleados del hotel, que van aportando un contexto que desvela las razones principales de ese odio inusitado que lleva a los hermanos a querer matar a su padre, todo mientras el autor mantiene la tensión de un supuesto final inesperado.
Sin lugar a dudas, la capacidad narrativa de Tomás González me impresionó. Esta es una novela acerca del machismo, de la tiranía de un hombre y de la gestación de odios y resentimientos de toda una familia contra un césar casi imposible de derrocar. Ambientada en las playas paradisíacas y los exuberantes paisajes de Tolú, es también una novela con una implacable descripción del mundo natural y la infinitud del mar. Una historia que transmite calor, olor a vegetación, cerveza y pescado al fogón. La narrativa de Tomás González, además de su característica precisión, se siente como una irremediable pesadilla convulsa, llena de odios y oscuros padecimientos, pero, a su vez, gracias a su particular belleza, posee una ligereza que eleva la historia a una precisión milimétrica y a una belleza casi pictórica.
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